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Luciérnagas, bailarinas en la oscuridad

 

 

 

Andrés Araya Brenes, Arthropoda, Museo Nacional de Costa Rica

 

 

 

"Cuando el día ya no es día

Y la noche aún no llega,

-perfiles desdibujados,

cielo azul de luces trémulas-,

por las rutas del ensueño

van rodando las carretas.

Bajo el patio de las sombras

se entrecruzan las consejas:

 

 

 

 

héroes y aparecidos

de rondalla y de leyenda,

La Llorona y El Hermano,

El Cadejos y la Cegua

y la Carreta sin Bueyes

que arrastra son de cadenas...

El manto de la penumbra

Rasgan miles de luciérnagas".

 

Fragmento de poesía "Romance de las Carretas" de Julián Marchena.

 

 

Fotografía: Tsuneaki Hiramatsu, Silent Sparks (2016).

 

 

 

Las luciérnagas o candelillas se encuentran entre algunas de las criaturas más espectaculares de nuestro planeta. Conforman un grupo de escarabajos de cuerpo suave, perteneciente a la familia de los lampíridos, que varían entre los 5 mm y 20 mm en tamaño. Poseen distribución mundial y cuentan con al menos 1900 especies conocidas, siendo algunas de éstas, distinguibles solo por los patrones de luz que producen o por la forma de sus órganos reproductores.

 

 

Costa Rica, posee 80 de estas especies y es posible que existan muchas más, ya que se calcula que quizá el doble de este número esté aún por descubrirse, dentro de lo que contempla el territorio de Centro y Sur América.

 

 

En este grupo de insectos, las larvas también presentan órganos luminiscentes y son depredadores voraces, con algunas especializadas en comer lombrices o caracoles, mientras que otras son más generalistas. Las hembras adultas mantienen forma de larva, y pueden o no tener alas, por lo que es común que mantengan hábitos tranquilos entre la vegetación. Los machos por su parte, siempre son alados y son más activos sobre todo en la noche, por lo que poseen ojos y órganos productores de luz mucho más grandes.

 

 

 

Lampyris noctiluca.

Fotografía: Kip Loades, Silent Sparks (2016).

 

 

 

En este sentido, la característica más distintiva de las luciérnagas será siempre su cortejo nocturno, el cual consiste de un diálogo complicado entre los machos y las hembras de una misma especie mediante señales llamativas. Esta bioluminiscencia (capacidad de algunos organismos vivos para emitir luz) es producto de complejas reacciones químicas, las cuales en este caso, iluminan el abdomen de los insectos.

 

 

Típicamente los machos patrullan en busca de pareja con un vuelo específico mientras emiten ciertas secuencias de destellos de luz. Las hembras de la misma especie pueden así detectarlos y responder con destellos concordantes para que el apareamiento pueda ocurrir.

 

 

Photinus pyralis.

Fotografía: Terry Priest, Silent Sparks (2016).

 

 

Como dato interesante, existen algunos escarabajos de esta familia que no producen luz. En este caso, los insectos se aprovechan de otros medios para atraer a su pareja como, por ejemplo, feromonas (sustancias químicas que se producen, en este caso, para atraer al sexo opuesto), las cuales llegan incluso a muchos metros de distancia dentro del bosque o en campos abiertos. Según los expertos, este tipo de cortejo se puede presentar también durante el día y se cree tiene un origen muy antiguo dentro de este grupo.

 

 

De acuerdo con la especialista en escarabajos, Sara Lewis de la Universidad de Massachusetts, las luciérnagas han maravillado a la humanidad durante miles de años con sus danzas nocturnas, han representado parte importante de diversas culturas en el mundo, y en la actualidad continúan siendo capaces de transformar un paisaje ordinario en una completa maravilla natural.

 

 

Más allá de lo anterior, las luciérnagas han tenido gran importancia para la investigación científica, en los campos de bioquímica, comportamiento y evolución. Por ejemplo, se ha descubierto que algunas hembras adultas son depredadoras de machos de otros lampíridos, las cuales los atraen y capturan al responder a los destellos de cortejo como si fueran hembras de su misma especie.

 

 

Adicionalmente, las defensas químicas que estos insectos poseen son de gran interés. Se presentan como secreciones que producen mal sabor para algunos depredadores como aves y roedores, además de provocarles malestares estomacales. Estas defensas suelen ser distinguibles gracias a la coloración rojiza de muchas de las luciérnagas, con lo cual alertan a los animales para no atacarlas y asegurar así, una mayor probabilidad de sobrevivencia para los individuos de cada especie.

 

 

El Museo Nacional de Costa Rica, cuenta en su colección de Historia Natural con una gran diversidad de luciérnagas, las cuales han sido recolectadas en todos los rincones del país. Lamentablemente, al igual que con muchas otras especies de nuestra biodiversidad, estas se encuentran altamente amenazadas por la destrucción de su hábitat y la contaminación lumínica generada por el ser humano.

 

 

Resulta fundamental, por tanto, que la investigación científica continúe día con día para tratar de conocer los enigmas relacionados a tan místicos insectos, y de esta manera, podamos entender e implementar las mejores acciones para protegerlos. Al final de cuentas, ellos forman parte de la gran cadena evolutiva a la cual también pertenecemos, y que, si no mantenemos en su balance adecuado, podría traer consecuencias negativas de gran escala para la supervivencia de la vida en la Tierra.

 

 

Referencias

Lewis, S. 2016. Silent Sparks: The wondrous world of Fireflies. Princeton University Press. USA. 240pp.

 

Vencla, F.; Xin Luanc; Xinhua Fuc & Luana S. Marojad. 2107. A day-flashing Photinus firefly (Coleoptera:Lampyridae) from central Panamá: an emergent shift to predator-free space? Insect Systematics & Evolution.

 

 

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